La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

El juicio de Eichmann

Plan de clase

Destinado a alumnos de la sección superior [secundaria preparatoria]
Duración de la actividad: una hora y media

Contenidos:


Este año se conmemora el 50 aniversario del comienzo del juicio de Eichmann. Este proceso provocó un cambio profundo en la actitud de la sociedad israelí en su relación al Holocausto y a los sobrevivientes de la tragedia, e influyó sobre el modo en que se percibe el Holocausto en Israel. En este plan ofrecemos una colección de materiales relacionados con el juicio. En esta sección proponemos al educador un plan de clase sobre el tema, que contiene citas de historiadores, pensadores, y testimonios del juicio, para utilizar como puntos de referencia para la discusión. Para ver el articulo histórico.
La discusión consiste de tres partes:

  • La época que transcurre desde la captura de Eichmann hasta el inicio del juicio en el Beit Ha’am de Jerusalén, el 10 de abril de 1961.
  • La época del juicio propiamente dicho, con énfasis en los testigos, y en la influencia del juicio sobre la percepción del Holocausto, tanto en lo personal como en lo público.
  • La tercera y última parte se ocupa de un aspecto que se agregó a la conciencia de la sociedad israelí de la época: la figura del asesino.

Primera parte: las etapas desde la captura y secuestro a Israel de Eichmann hasta el inicio del juicio

Lea los siguientes párrafos:

“Debo informar a la Knesset que hace poco tiempo fue descubierto por los servicios de seguridad israelíes uno de los mayores criminales nazis, Adolf Eichmann, responsable, junto a los jerarcas del régimen, de lo que denominaban la “solución final del problema judío”, o sea, la destrucción de seis millones de judíos europeos. Adolf Eichmann ya se encuentra detenido en Israel, y será sometido en breve a juicio de acuerdo a la “Ley de enjuiciamiento de los nazis y sus colaboradores”.[1]

En lenguaje lacónico y suscinto describe David Ben Gurión en su diario el momento histórico de la captura de Eichmann, quien había sido jefe del departamento judío de la Gestapo y había cumplido un papel central en la organización y ejecución de la “solución final”. Muchos países, principalmente los Estados Unidos y la Argentina, expresaron su descontento por la captura de Eichmann y por la intención del gobierno de Israel de someterlo a juicio ante una corte de justicia israelí. Entre los críticos estaba el general norteamericano Telford Taylor, que había actuado como fiscal principal en los juicios de Nuremberg. Taylor comentó que “los crímenes por los que Eichmann es acusado no fueron cometidos en Israel, y él no se encuentra en Israel por voluntad propia.”[2] El presidente de la Organización Sionista Mundial, Najum Goldmann, se sumó a las opiniones de personalidades mundiales y propuso establecer un tribunal internacional especial para llevar a cabo el juicio.
La proposición fue interpretada por David Ben Gurión como un intento de intromisión en la soberanía israelí. En una carta que envió al Dr. Goldmann y que fue publicada en la prensa, escribió:

“[...] Periodistas americanos, que no sufrieron los horrores infligidos por los nazis, pueden ser “objetivos” aparentemente y negar el derecho de Israel de juzgar a uno de los mayores criminales nazis. Pero la catástrofe que causaron los nazis al pueblo de Israel no es uno de los horrores que los nazis hicieron por el mundo [...] sino un episodio único y sin parangón […] Es el deber del Estado de Israel, la única entidad soberana del pueblo judío, desvelar justamente este asunto en toda su dimensión y monstruosidades, sin ignorar los otros crímenes contra la humanidad cometidos por el régimen nazi [...] La publicación de su proposición en la prensa es una afrenta grave y dura a los sentimientos del pueblo de Israel [...]”[3]

Pocos días después del comunicado en la Knesset Ben Gurión escribió lo siguiente en el diario Davar:

“Veo como lo importante de la captura de Adolf Eichmann y su enjuiciamiento en Israel, no en la operación brillante y la capacidad impresionante de los hombres de los servicios de seguridad, sino en el acto virtuoso que tuvieron la oportunidad de ejecutar, y por el cual en una corte de justicia israelí se revelará todo el tema del Holocausto. Para que lo sepa y lo recuerde la juventud que creció y se educó en el país después del Holocausto y que solamente un eco débil de los horrores históricos [...] llegó hasta ahora a sus oídos, y para que lo sepa también la opinión pública en el mundo [...]”[4]

El filósofo Martin Buber argumentó lo siguiente contra la realización del juicio en el país:

“No queremos que el cruel enemigo nos obligue a nombrar de entre nosotros un verdugo, y si lo haríamos, esto será una especie de victoria del enemigo sobre nosotros, y no queremos esa victoria suya. Los enemigos de Israel en todo el mundo quieren vernos caer en esa trampa. La ejecución de una sentencia de muerte les dará la oportunidad de argumentar que el crimen de los nazis ha sido expiado, que se pagó al pueblo judío por la sangre derramada. No seamos cómplices de ello, evitemos crear la posibilidad o la sombra de sensación de que se ha pagado el rescate por el sacrificio de los seis millones, por medio del ajusticiamiento de ese malvado.”[5]

  • ¿Cuáles eran los objetivos del juicio y la validez de enjuiciar a Eichmann en una corte israelí?
    ¿Cuáles eran los argumentos en contra de la realización del juicio en Israel?

Las reacciones del público israelí a la captura de Eichmann

La captura de Eichmann y su traslado a Israel provocaron una tormenta de emociones en toda la sociedad israelí. La prensa reflejó el hecho con grandes titulares y editoriales que describían la emoción que embargó al público y la elevación espiritual de muchos por el acontecimiento:

“Hubo habitantes de mi ciudad que estuvieron conmocionados durante mucho tiempo. Los que sufrieron y fueron golpeados. Tuvieron un momento de profunda satisfacción. Pero a la par se abrieron cicatrices y heridas. Todo lo que trataron de olvidar y hacer olvidar durante años, volvió a despertarse... Lamento decirlo, pero mucha gente, inocentes y víctimas de crímenes, van a sufrir durante los próximos meses... más de lo que sufrirá el enemigo cruel. El asombro, la satisfacción, la curiosidad, pasarán. Se avecinan días difíciles.”[6]

Una carta enviada a la redacción del diario Lamerjav decía lo siguiente:

“De un solo golpe se despertaron las sensaciones de horror que hierven en nuestro interior - incluso si tratamos a diario de rechazarlas a los rincones más recónditos del alma -, todo el dolor que bulle en nuestros corazones sin cura, todas las pesadillas que nos oprimen, a veces día y noche, en recuerdo de padres, madres, hermanos y hermanas llevados a los crematorios.”[7]

  • Traten de explicar los sentimientos encontrados que provocaron la captura de Eichmann y su traslado a Israel.
    • Entre los supervivientes surge la conciencia de que tendrán que medirse con el pasado traumático que trataron de dejar atrás.
    • La falta de proporción evidente entre el asesinato de seis millones y la captura de un solo “Eichmann”.
    • La influencia de la relación que se habían establecido entre los supervivientes de la Shoá y la sociedad israelí que los absorbió: un complot de silencio entre los veteranos y los inmigrantes. Muchos de los supervivientes reprimieron sus traumas y encauzaron sus fuerzas vitales en la construcción de un nuevo futuro.

Segunda parte: el juicio, los testigos y la sociedad israelí

El 10 de abril de 1961, después de meses de investigaciones y recolección de información intensivas, se abrió el juicio de Adolf Eichmann en el Beit Ha’am de Jerusalén, ante tres jueces de la corte de distrito. El presidente del tribunal era el juez de la Suprema Corte de Justicia Moshé Landau, y a su lado el presidente de la corte de distrito de Jerusalén Binyamín Halevy y el juez del distrito de Tel Aviv , Itzjak Ravé. La acusación estaba a cargo del fiscal general del estado, Guideón Hausner, y el abogado defensor era el Dr. Robert Servatius de Alemania, que había representado anteriormente a algunos de los acusados en juicios contra los principales criminales de guerra en Nuremberg. Para los fines del juicio se acondicionó una sala especial en el Beit Ha’am de Jerusalén, una institución municipal en la que funcionan un teatro, una biblioteca, aulas de estudio y salas de conferencias.
Era la primera vez que en un juicio estaba centrado en el Holocausto judío en Europa, con sus etapas y matices. Al contrario de juicios anteriores, como los de Nuremberg, en los que el tema judío ocupó un lugar marginal. La captura de Eichmann y su traslado a Israel para ser juzgado causó una gran resonancia en el mundo entero. La sala estaba repleta de periodistas de muchos países e idiomas venidos a informar acerca del juicio. Una pequeña parte del juicio fue trasmitida por la radio de Israel. Además la radio difundía diariamente un boletín especial sobre el proceso, a pedido del público.
La fiscalía no puso el acento en el acusado y sus acciones sino en los relatos de los testigos y sus peripecias durante el guerra. A diferencia del equipo policial, que daba gran importancia a los documentos para probar la culpabilidad de Eichmann, Hausner prefirió basar el juicio sobre los testimonios vivos. Fueron elegidos 110 testigos en un proceso de selección riguroso. Los parámetros para la elección fueron complejos e incluyeron testigos de lugares especiales, algunos que sabían hablar en público e incluso sobrevivientes que ejercieron presiones personales y políticas para aparecer en el juicio. Los testigos representaban relatos de distintos y numerosos países que habían estado bajo la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y que a través de su testimonio se podía aprender sobre la narrativa del Holocausto en general. La mayoría de los testigos no había visto a Eichmann antes del juicio y su relato no tenía relación directa con sus acciones. Solamente nueve habían estado alguna vez frente a él. Hausner era conciente de la dificultad legal que esto podía traer aparejado pero aún así exigió que en el centro del juicio aparezcan los testigos y sus relatos.[8] Años después escribió sobre esto:

“He aquí que cien personas aparecieron en el banquillo de los testigos en Jerusalén y relataron la historia del Holocausto con lujo de detalles. El mundo entero los escuchó. Se pudo descender al valle de lágrimas y observarlo. La Shoá se volvió así más concreta. Dejo de ser una pesadilla que uno trata de sacudirse rápidamente para regresar a la realidad”[9]

  • ¿En qué se diferenciaba este proceso legal de otros?

Testimonios de sobrevivientes

El proceso de Eichmann cambió la actitud de la sociedad israelí hacia el Holocausto y sus sobrevivientes e influyó sobre la formación de la conciencia del Holocausto en el mundo. Gran parte del cambio se debió a la revelación de los relatos personales de los testigos, sobrevivientes de la Shoá. Como se ha dicho, para los fines del juicio los 110 testigos fueron elegidos rigurosamente por Guideón Hausner, en cooperación con los oficiales del departamento 06 de la policía y el mismo David Ben Gurión. Entre aquellos había quienes habían participado en los movimientos clandestinos en los guetos y fuera de ellos, e incluso algunos ejercieron presiones políticas para ser elegidos. La mayoría no se encontró nunca con Eichmann y su relato no tenía relación directa con sus acciones. Uno a uno subieron al banquillo de testigos y contaron lo acontecido a los judíos bajo el régimen nazi: país tras país, gueto tras gueto y campo tras campo. Gran parte de los visitantes en la sala consistía de sobrevivientes, que por primera vez podían relatar su historia en público.
Durante el juicio los testigos expusieron descripciones duras y emotivas que la mente y el corazón se negaban a aceptar. Estas tuvieron el efecto de marcar una transición en la forma en que la sociedad israelí se relacionaba con el Holocausto y los sobrevivientes. Algunos de los testigos se convirtieron en símbolos del juicio, y por consiguiente de la Shoá.

Del testimonio de Avraham Aviel:
“R. Íbamos 1000 personas.
P. ¿Se encontró junto a su madre?
R. Caminaba con mi madre, íbamos mamá y los niños.
P. ¿Su madre en el medio y los niños a los costados?
R. Sí, yo su derecha, mi hermano a su izquierda. Así íbamos.
P. ¿Qué dijo su madre?
R. Digan el “Shmá Israel”. Moriremos como judíos.
P. ¿Y toda la congregación caminaba y recitaba el “Shmá Israel”?
R. Sí. Lo recité junto con ella, pero sin voluntad. Tenía una oposición interna a hacerlo. Nos trajeron al mercado en el centro del pueblo, nos hicieron arrodillarnos con la cabeza gacha. Estaba prohibido levantar la cabeza. El que lo hacía recibía un tiro o golpes con un palo. Por supuesto, por el camino vimos que al que se demoraba le disparaban ahí mismo. Estuvimos sentados en el centro del pueblo como una hora, quizás más, no puedo evaluar el tiempo con exactitud. Nos hablaron, no pude entender lo que nos dijeron ahí. Mis pensamientos eran: ¿cómo escapar, cómo salir de esto?”.
[10]

Del testimonio de Moshé Beiski:
El Dr. Moshé Beiski [...] describió los horrores del campo de trabajo de Plaszow, contiguo a Cracovia: “Mi pregunta lo golpeó como un puñetazo. Un rictus de dolor apareció en su cara. El hombre fuerte y enérgico, que describió largamente y sin señales exteriores de emoción los horrores por los que pasó, y se negó a testificar sentado, pidió ahora que le acercaran una silla”. Beiski le contestó con la voz ahogada:
“[…] Había de todos modos esperanza. La gente trabajaba. Los alemanes decían que nacesitaban trabajadores. Pensábamos: ¿Quizás? ¿Quién sabe? […] Hoy no puedo describir ese sentimiento de miedo, porque ya no existe más dentro mío, y por ello no puedo transmitir a otro esa sensación […] Teníamos fe que la guerra acabaría algún día. ¿Teníamos que poner en peligro a 15.000 personas? Las condiciones de entonces no se pueden replicar […] Y si ir ¿adónde? […] ¿Adónde puede un judío escapar?”[11]

Del testimonio de Rivka Joselewska:
“[…] Cuando llegamos al lugar vimos gente desnuda, sin ropas. Los padres y las madres se despedían de sus hijos... a nosotros nos llevaron, nos apuraron a que llegásemos a la fosa. Ya estábamos desnudos. Mi padre no quiso desvestirse del todo, tenía puesta la ropa interior... le arrancaron la ropa y le dispararon. Lo ví... luego llegó mi turno. […] caí al pozo y no sentí nada. Sentí como una pesadez, un peso encima mío. Pensé que estaba muerta, pero con todo, con toda mi muerte, siento algo. Sentía que me asfixiaba, porque caía gente encima mío. Sentía que me ahogaba. Empecé a moverme. Sentí que podía moverme, que estaba viva. Me ahogo, escucho los disparos, otra persona cae, pero luché y luché para no ahogarme. No tenía fuerzas. Pero de pronto siento que subo y me elevo por encima de los otros. Veo gente que arrastra, muerde, rasguña, me tiran para arriba. A pesar de todo, con el resto de mis fuerzas llego arriba. Subí y no reconocí nada […]”[12]

Las repercusiones del juicio y su influencia a nivel personal y público:

El escritor Jaim Guri:
“... Hasta que vinieron los testigos y nos explicaron de nuevo cuán difícil es para ‘quién no estuvo ahí’ entender lo que que pasó. Y comenzamos a entender las cosas, no por la abstracción generalizada de que ‘era difícil oponerse’, sino por los relatos pormenorizados, que nos dejaban al finalizar el día cercanos a la parálisis total, la misma en que habían estado ellos sumergidos sin cesar”[13]

La historiadora Jana Jablonka:
“Los supervivientes dejaron de ser inmigrantes – “olim” entre quienes alguno tenía un número delatador sobre al brazo - sino personas con nombres y con una historia única, por la cual de pronto surgió el deseo feroz de penetrarla, escucharla y abrazar a quién la relata. Los sobrevivientes pasaron - de una vez - de ser diáspora a ser patrimonio, la mejor parte del pueblo judío, y los israelíes, de ser no una desviación de éste sino una parte del mismo, su continuidad. El juicio significó un punto de inflexión definitivo en la inserción de los sobrevivientes en la sociedad israelí, aunque el juicio no fue el comienzo del proceso sino, en gran medida, su zénit.”[14]

La historiadora Anita Shapira:
“El Yishuv (la comunidad judía previa a la creación del Estado de Israel, N. del T.) sabía y no sabía sobre el Holocausto, sufrió y no sufrió la catástrofe. No existió una internalización del Holocausto como factor formativo del etos nacional. En verdad, solamente después del juicio de Eichmann la Shoá se convirtió de un asunto que concernía en especial a los sobrevivientes, en una cuestión de todo el pueblo de Israel.”[15]

Lean los testimonios y las impresiones de los mismos y sus implicaciones posteriores

  • Según Jana Jablonka, ¿qué caracterizaba las relaciones entre los sobrevivientes y la sociedad israelí antes del juicio? Según su opinión ¿por qué al sociedad israelí tenía tantas dificultades en enfrentarse con el tema del Holocausto en los primeros años de la existencia del Estado?
  • Según el escritor Jaim Guri ¿qué aspecto de la vivencia del juicio trajo un cambio en la actitud hacia los sobrevivientes?
  • Según Anita Shapira ¿qué cambio produjo el juicio en la sociedad israelí?
  • Traten de imaginar otras influencias que puede provocar una revelación tan amplia de un tema tan doloroso, tal como las terribles vivencias de los sobrevivientes.

Tercera parte – el enfrentamiento con la figura del asesino

“Cuando hablo de la banalidad del mal lo hago solamente en el terreno de lo fáctico, como un fenómeno que era imposible pasar por alto. Eichmann no era Jago y tampoco Macbeth y seguramente no se le hubiera ocurrido como a Ricardo III, “mostrar que era malvado”. A excepción de una diligencia poco común por hacer todo aquello que pudiese ayudarle a prosperar, no tenía absolutamente ninguna otra motivación. Y esa diligencia de por sí no era de manera alguna criminal. “[…] Él no era estúpido. Era falta absoluta de criterio – que no tiene nada que ver con estupidez – lo que lo preparó para convertirlo en uno de los grandes criminales de la época. Si es “banal”, e incluso entretenido, que con todos los esfuerzos del mundo es imposible encontrar en Eichmann ninguna profundidad demoníaca, eso no quiere decir que es un fénomeno común”[16]

“En el camino del odio a los judíos “[…] había muchos momentos en que había que decidir si continuar o no. Hemos visto que la operación de aislamiento de los judíos del entorno y el traslado a las instalaciones de exterminio, era complicado, largo y prolongado, sembrado en toda su extensión de pequeños detalles que influyeron en gran medida sobre el resultado en gran escala. La decisión de convertirse en asesinos no fue circunstancial […] sino un largo y fatigoso camino, lleno de señales de atención y señales negras de atención. Tal como nadie llega a la cima del Everest por distracción, Eichmann y sus semejantes no recalaron en el asesinato de los judíos por error o por distracción […] Ellos trabajaron con ahínco, invirtieron reflexión, iniciativa, energía, y un esfuerzo de años”[17]

Consignas para debatir

  • Lea el párrafo de Hannah Arendt y el de Yaakov Lozowik acerca de la figura de Eichmann y su rol en la “solución final”
  • ¿Cómo explica Arendt la motivación de Eichmann y el papel que cumplió en el exterminio de los judíos? ¿Está de acuerdo con ella Yaakov Lozowik?


[1] Divrei Ha-Knesset (Protocolos de la Knesset), 29 (30 de mayo de 1960), p. 1291.
[2] Davar, 26 de mayo de 1960, p. 1.
[3] David Ben Gurión, Medinat Israel hamejudeshet, vol. 2, Am Oved, Tel Aviv, 1969, p. 650.
[4] idem, p. 649.
[5] Tom Segev, Ha-milion Hashvi’i, Jerusalén, 1991, p. 160.
[6] Haaretz, 27 de mayo de 1960, p. 9.
[7] Lamerjav, 24 de mayo de 1960, p. 2.
[8] Jana Jablonka, Medinat Israel negued Adolf Eichamann, Sifrei Hemed & Yad Vashem, Jerusalén, 201, p. 106.
[9] Guideón Hausner, Hashoa bere’i hamishpat, Am Oved, Tel Aviv, 1988, p.7.
[10] Hamishpat shel Adolf Eichmann, Reshumot mishpat hayoetz hamishpati shel memeshelet israel negued Adolf Eichmann, vol. 1, Jerusalén 5753, p.424.
[11] Guideón Hausner, Hashoa bere’i hamishpat, Am Oved, Tel Aviv, 1988, p. 254-255.
[12] Hamishpat shel Adolf Eichmann, Reshumot mishpat hayoetz hamishpati shel memeshelet israel negued Adolf Eichmann, vol. 1, Jerusalén 5753, p. 421.
[13] Jaim Guri, Mul ta hazjujit, Hakibutz Hameujad, Israel, 1962, p. 248.
[14] Jana Jablonka, Mishpat Eichmann vehaisreelim miketz 40 shaná.
[15] Anita Shapira, Mishpat Eichmann, Dvarim sheroim mikan lo roim misham, iun vejeker 10, Yad Vashem, 2002.
[16] Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, Informe sobre la banalidad del mal [versión hebrea], Babel, Tel Aviv, 2000.
[17] Yaakov Lozowik, Habiurokratrim shel Hitler: mishteret habitajón hanatzit vehabanaliut shel haresha, Ed. Magness, Jerusalén, 5751, p. 227.