El Holocausto

Alemania nazi y los judíos 1933 - 1939

La persecución de los ‘enemigos’

Gertrud Poetzinger de la secta  ‘Testigos de Jehová’ Gertrud Poetzinger de la secta ‘Testigos de Jehová’ sosteniendo un niño en el campo de concentración de Oranienburg, Alemania.
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Sinti y Roma (Los gitanos)

Los gitanos eran considerados por los nazis como un elemento asocial que debía ser extirpado del seno de la nación alemana. En especial fueron perseguidos los gitanos nómadas y su suerte fue similar a la de los judíos. De los 44.000 gitanos que vivían en el Reich, miles fueron enviados a campos de concentración después del comienzo de la guerra. Otros fueron internados en campos de tránsito y de allí deportados a guetos y campos de exterminio. Entre 90.000 y 150.000 gitanos europeos fueron asesinados por los nazis.

Los homosexuales

La homosexualidad era ilegal en Alemania desde antes de la llegada de los nazis al poder. Estos la consideraban una aberración que contradecía el principio de la expansión de la raza aria en el marco de una vida familiar normal. Cerca de 15.000 homosexuales fueron internados en campos de concentración, y varios miles perecieron por los maltratos y las duras condiciones que imperaban en aquellos.

Inválidos

Entre 200.000 y 350.000 discapacitados, enfermos crónicos y mentales, ancianos, autistas y otros, fueron esterilizados por la fuerza hasta 1939. Desde 1939 comenzó, en el marco de un programa denominado Eutanasia, el exterminio sistemático de esos grupos. Apodado en código T4, el plan estaba destinado a preservar la pureza de la raza aria eliminando a todos aquellos que denotaban defectos raciales, para crear de ese modo una comunidad nacional (volksgemeinschaft) ideal. Las víctimas eran asesinadas con gases o inyecciones letales o morían de inanición. De ese modo fueron eliminadas entre 200.000 y 275.000 personas.

La Iglesia Católica

A partir de 1933 fueron arrestados miles de miembros del Partido del Centro y sacerdotes católicos e instituciones educativas y eclesiásticas fueron clausuradas, de acuerdo con la política totalitaria del régimen de no permitir ningún tipo de autoridad que pudiera competir con la de los nazis. Esto ocurrió en total contradicción con el Concordato firmado entre el Vaticano y el gobierno de Hitler.

Durante la guerra organizaciones católicas fueron perseguidas y miles de sacerdotes encarcelados y asesinados en los territorios conquistados por los nazis.

Otro grupo perseguido cruelmente por los nazis fueron los Testigos de Jehová, que creían que en el fin de los días serían juzgados aquellos que no compartían sus creencias, se oponían al servicio militar y adoptaron una actitud inequívoca contra el régimen. Muchos de los miembros de la secta fueron arrestados y encerrados en campos de concentración.